La Nueva Innovación: Las Personas

108316096Aunque es un concepto que lleva unos años, no deja de asombrarme la cantidad de artículos, blogs, investigaciones, tesis y webs dedicadas a la innovación empresarial. Basta poner “innovación empresarial” en cualquier buscador de Internet para encontrarse con más de 2 millones de resultados, que incluyen desde definiciones y tipología del concepto, hasta técnicas, estrategias, consejos útiles y modelos para desarrollarla y alcanzar el éxito. Todo esto atado siempre a la imperiosa necesidad de invertir en I+D+i (Investigación, diseño e innovación).

Son interesantes, también, las preguntas que actúan como punto de partida: ¿Tiene mi empresa potencial innovador? ¿Qué proceso, cambio organizacional, tecnológico o productivo puedo introducir para desplegar ese potencial? ¿Qué tipo de innovaciones permitirán a mi empresa crear y capturar valor? ¿Con qué recursos tengo que contar?

Sin embargo, estas preguntas implican un movimiento que va desde afuera hacia adentro. Introducir un nuevo proceso, incorporar una nueva tecnología, buscar recursos para innovar. La innovación parece estar allí, en algún lugar del afuera: en una nueva aplicación maravillosa que atraerá ventas, en un cambio logístico que permitirá ganarle a la competencia, en una nueva estrategia de comunicación que reforzará el posicionamiento.

Y allí estamos. Medios anestesiados, esperando dar con algo casi mágico del afuera que nos traiga innovación, mientras perdemos de vista algo esencial: Innovación es lo que hace el innovador.

En otras palabras, nos estamos olvidando que no hay innovación sin innovador.

Podemos destinar millones de dólares a la inversión en I+D+i y volverla a duplicar, pero, a menos que volvamos a poner en el centro de todo a las personas, nada sucederá.

Históricamente, a través del tiempo, el ser humano ha innovado para y por la supervivencia de su especie (las guerras, de hecho, han sido disparadores de grandes innovaciones). Innovar está en nuestro ADN y hacia allí tenemos que volver.

Todas las personas tenemos dentro un innovador en potencia que podemos activar. Despertar ese espíritu innovador es una gran responsabilidad y la mejor manera de ir gestando, entre todos, un mundo mejor, más sostenible y con mayor valor.

Cuando muchas personas ponen el foco en cosas que mejorar, cuando muchos visualizan y sienten cómo serían las cosas mejor hechas, todo sucede, llega entre todos, porque sin saberlo estamos empujando innovación.

Yo no creo en un “par de locos innovadores” que cambian el mundo. Creo que lo que verdaderamente puede habilitar la evolución que necesitamos en estos tiempos es toda una comunidad de personas con su espíritu innovador activado.

Por eso me dedico a fundar empresas, como LOOM (www.loomhouse.es) y WeLever (https://welever.org/) para crear un ecosistema de personas activadas, innovadoras y comprometidas con trabajar por un mundo mejor.

La fuerza de un innovador es enorme. La fuerza de millones de personas, de ciudadanos convertidos en innovadores colectivos es imparable. Ningún ejército, administración ni empresa cuenta con eso. Y desde allí puede venir un auténtico cambio social y de modelo de civilización.

 

 

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